¿Para qué servimos los psicólogos deportivos?

Cuando en una actuación deportiva se está igualado a nivel físico, técnico y táctico, es el plano psicológico el que marca la diferencia. Lo mejor de todo, es que al igual que los anteriores, se puede entrenar. Aquí es donde aparece la figura del Psicólogo Deportivo, cuyo trabajo es muy amplio y variado, pero con un único fin, el de ser un componente más de la preparación del deportista que le ayude a desarrollarse integralmente para mejorar su rendimiento y alcanzar con mayores posibilidades de éxito sus metas.
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lunes, 6 de septiembre de 2010

Sara ya está con ganas de jugar

Propuse a Sara que cambiara de pensamientos ¡Como si eso fuera fácil¡ dijo ella. No, no es fácil cuando hay una señal, como es el dolor, que al pisar te dice que algo sigue mal en el tobillo.
El dolor dispara pensamientos negativos y estos llevan a otros más desesperanzados y estos a otros, todavía más negros. Sara tiene que aprender a detenerlos pues si no, le costará echar de sí esos sentimientos depresivos que la envuelven y no le dejan ver un futuro realista.
Sara en este momento no es capaz de discernir los progresos. Aunque todos los días acude a rehabilitación se desespera porque le parece que siempre está en el mismo estado. Así que le propongo registrar cada día en un cuaderno los nuevos movimientos que consigue hacer con el pie o cualquier otro avance que descubra.
Ocho días después apunta “he bajado las escaleras sin apoyarme en la barandilla”. Cuando viene a verme hablamos de estos pequeños grandes cambios que observa en su marcha. También de una película que había visto la noche anterior que trataba de una chica perseguida por vampiros. Dijo que había descubierto dos, mejor dicho, tres cosas: que la pierna estaba muy descansada después de tenerla toda la hora en alto, que hacía meses que no veía películas en el ordenador con su amiga, y que basta ya de dejarse vampirizar por los esguinces. De pronto ya ni se acuerda de la concentración de la selección de baloncesto, y como su equipo ha perdido dos partidos seguidos, está loca por recuperarse y volver a jugar ¡A ver si ganamos! dice.
Amparo Pozo.

martes, 31 de agosto de 2010

La lesión de Sara

Sara juega a baloncesto. Está en una edad que tal vez no crezca más o tal vez arranque uno o dos centímetros al desarrollo. Lo importante es que ella está muy contenta de lo que ha conseguido y del trabajo que aporta a su equipo. No deseaba otra cosa que ir a la próxima concentración de la selección. Allí juegan a un nivel superior al de su club y en ocho días aprende, dice ella, más que en toda la temporada. Quizás también la espera con ansias porque allí se encuentra con su amiga del alma con quien chatea todos los días.

Pero un día, saltando una valla, se hizo un esguince en el tobillo. Ni siquiera se lesionó jugando sino retándose con su amigo a ver quién saltaba más. Le diagnosticaron esguince de tobillo grado II-III. Pasó un tiempo con férula y ahora va todos los días a rehabilitación pero pasan los días y cada vez que apoya siente el tobillo inestable y le duele.
Es recomendable que camine algo, que nade. Sin embargo, no sale de casa. Se disculpa diciendo que le duele mucho. Y cuando le duele, su cabeza se llena de pensamientos tales como “si no hubiese hecho esa tontería ahora estaría bien” “me estoy perdiendo todo, ahora podía estar en la concentración” “no me voy a recuperar, no me van a sacar a jugar, no valdré para nada en el equipo, se acabaron los abrazos, las risas, las confidencias....” No siente más que el dolor. No piensa en otra cosa cuando se pone de pie más que en el dolor y en lo que ha perdido.
En el gimnasio de rehabilitación comprueban que la recuperación avanza pero muy lentamente.
Mañana os cuento como consiguió Sara levantar los ánimos y recuperar la satisfacción de vivir. Os avanzo: la lesión no tardó en desaparecer.
Amparo Pozo